Como resultado de la autoevaluación, la institución cuenta con una serie de procesos para alcanzar los niveles de calidad esperados, lo cual plantea le plantea el interrogante sobre ¿cómo lograr que los procesos prioritarios lleguen a ese nivel de calidad deseado?
La respuesta a esta pregunta está en gran parte contestada con la auditoría; sin embargo, es importante hacer dos salvedades, el sistema de garantía de calidad no es exhaustivo y la auditoría se centra en los procesos organizacionales considerados prioritarios.
Lo anterior implica que la auditoría no interviene en todos los procesos que están descritos en los estándares de acreditación, sólo en algunos tenidos en cuenta, bien sea por la misma organización o por la interrelación de una organización con otra (como es el caso de las relaciones o acuerdos contractuales entre las EPS y las IPS).
La auditoría permite en los procesos identificados como prioritarios identificar:
Cuál es la brecha para alcanzar el nivel óptimo deseado con base en la evaluación de la acreditación.
Cómo se diseñan e implementan las estrategias de mejoramiento.
Cómo se mantienen las estrategias en el tiempo.
Cómo se monitorizan los logros y se comparan al final.
Cómo se logra la cultura del autocontrol en los procesos intervenidos.
Así mismo, la auditoría conserva el espíritu del mejoramiento continuo de la calidad ya expresado en la acreditación.
En forma gráfica la relación de la auditoría con la acreditación puede verse de la siguiente forma:
Tal como puede apreciarse, la auditoría es un excelente complemento a la gestión y al mejoramiento de los procesos del día a día, que cada cierto tiempo apoyará la preparación para lograr la calidad deseada por la institución o la acreditación.
Así, la auditoría evalúa de forma sistemática la calidad observada frente a la calidad deseada en la cotidianidad de las instituciones.
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